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El poder de la voz

La voz es nuestro instrumento de comunicación, nos permite establecer contacto con otras personas para compartir y conocer los pensamientos, conocimientos, ideas y sueños. Además de transmitir palabras, por el timbre y por el acento con el que son proyectadas, traduce sentimientos y emociones.

Es bien sabido que las primeras experiencias del lenguaje se llevan a cabo de manera espontánea y natural, por inmersión de la conversación en la cotidianidad de la vida familiar. Y es de esa manera que el pequeño adquiere el vocabulario sin necesidad de una instrucción explícita e interioriza los componentes de los sistemas operativos y funcionales de su lengua materna.

Los bebés identifican los sonidos diferenciándolos como palabras y gradualmente comienzan a ser sensibles únicamente a aquellos que distinguen significado en su lengua y que son distintos de los sonidos de otros idiomas.

Los niños logran adquirir un amplio vocabulario, infiriendo palabras y significados asociándolas a conceptos. El vocabulario continúa enriqueciéndose y consolidándose a lo largo de la vida. Aun teniendo un elevado nivel de escolaridad y siendo buenos comprendedores de textos, sabemos que seguimos haciendo nuestras las nuevas palabras. La cantidad de palabras que forman parte de la lengua pareciera ser inconmensurable.

 

Hay estudios que hablan de cómo en distintos grupos sociales, las diferencias en la riqueza del lenguaje están vinculada a la cantidad y calidad de experiencias con las palabras que los niños escuchan en el entorno en el que viven. Por esta razón las conversaciones cotidianas cobran gran importancia, pues es ahí donde la variedad de palabras, la complejidad de las estructuras del lenguaje que se usa, y la frecuencia con la que participan en diálogos entre niños y adultos aumentan sus habilidades comunicativas.

Este proceso cultural, conlleva elementos que, más allá de la lengua, enriquecen y complementan lo que el hablante dice: actos, gestos, sonidos, silencios, vacilaciones. Hay, además, toda una carga emotiva, ambiental, psicológica, temporal, vinculada al momento de expresión oral y a los que participan en él. Se pueden desempeñar papeles, comprender las normas de un grupo, aplicar sanciones sociales, valorar las acciones ajenas, etc.

La naturaleza del ser humano le lleva a desarrollar habilidades comunicativas para su crecimiento personal y social en la práctica cotidiana. Sin embargo, algunas requieren ser aprendidas por el grado de seriedad, calidad, estructura y complejidad que exigen, como lo son: la conferencia, exposición en clase, diálogo académico, entrevista y debate.

 

Por lo anterior, te pregunto: ¿Frecuentemente participas o promueves conversaciones con tus hijos? Te invito a valorar, propiciar y disfrutar de más espacios de conversaciones en familia. ¡Ellos se enriquecerán y tú también!

El poder de la voz

 

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