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¿Qué nos enseñó la pandemia acerca de la educación a distancia?

Han pasado 16 meses después de que nuestras vidas cambiaran radicalmente en varios aspectos. El vuelco más grande: la educación.

Hubo un antes en el escenario educativo donde acostumbrábamos seguir un calendario, la planeación, horarios, materiales, estrategias, tener un contacto físico; dominábamos la interacción social, la respuesta inmediata de nuestros alumnos, las estrategias de enseñanza, la evaluación de las clases, en fin, simplemente a tener una educación presencial. Pero… ¿Qué sucedió de un momento a otro? ¡Nos adaptamos! Todos los involucrados: docentes, alumnos, padres de familia, nos vimos obligados a modificar lugares de trabajo, materiales, dinámicas familiares que nos llevaron a cambiar eventos de enseñanza-aprendizaje.  Nos llevaron a apropiarnos de otros aspectos donde aprendimos a utilizar herramientas tecnológicas, a usar contextos diferentes de manera radical y a ser flexibles en modelos de educación.

La educación a distancia impactó tanto en el alumno, padre de familia y docente en el uso de la tecnología, que empujó a la sociedad hacia un cambio en nuestra vida cotidiana desde el uso de los dispositivos, hasta la manera de comunicarnos permeando en los procesos educativos a distancia. Es decir, aprendimos a darle otro uso de comunicación a nuestros dispositivos.

Aprendimos que el aula es una comunidad en la que podemos convivir día a día, participar en un mismo evento e interpretar desde realidades diferentes una universalidad educativa donde dependíamos de un recurso tecnológico como una solución total. Solución total con la idea de estimular y transformar el acto educativo acortando la brecha digital, resaltando la experiencia de aprendizaje, consolidando la confianza de docentes y alumnos conformando redes y entornos que surgieron de un sistema de relaciones, costumbres y conocimientos articulados en la modernidad, la generalización e intensificación del modo de vida tecnológico.

Desarrollamos habilidades para seleccionar, procesar y expresarnos con base en la cantidad inmensa de información a la que tenemos acceso instantáneo lo cual amplía y complejiza el proceso.

Aprendimos a ser flexibles, tolerantes, a afrontar y solucionar lo que se presentaba, a desarrollar habilidades de expresión y de comprensión en eventos a distancia ya que a diferencia de la interacción que teníamos con los demás en el aula donde el docente tiene inmediatez de la comunicación con los alumnos, la interacción a distancia depende de conexiones, velocidad en la transmisión de datos; de video y de audio de calidad empleando mayor esfuerzo en expresarse y en comprender al otro.

Aprendimos demasiado, sin embargo, la educación a distancia es una modalidad que aún nos falta mucho por aprender ya que nos ha mostrado que la tecnología no lo es todo. También nos mostró los diferentes alcances emocionales derivados de factores sociales que van más allá de una barrera física entre docente y alumno. Además, nos requiere de un desarrollo específico, de un trabajo que permita establecer una estructura adecuada a las edades de los alumnos y que asegure una secuencia de estudio donde el alumno adquiera experiencias de aprendizaje auténticas donde  aprender de manera significativa involucra el “hacer para aprender” para que el alumno haga  suyo el conocimiento y lo pueda ligar a cualquier evento a lo largo de su vida, considerando una visión integral donde deberá prevalecer un aprendizaje auténtico y significativo.

Sin embargo, hoy puedo decir que aprendimos demasiado en esta pandemia.

 

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Educación en Pandemia

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